Por una Europa más unida, más fuerte, más soberana y más democrática

Nadie podía aventurar que al cumplirse el trigésimo quinto aniversario de la incorporación a las entonces Comunidades Europeas de las dos naciones ibéricas, España y Portugal, nos encontraríamos los europeos en la situación actual.

 

Cierto es que el maestro Mario Benedetti nos avisó de la fragilidad de nuestras convicciones y la perennidad  de nuestras certezas, pues "cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, cambiaron de pronto todas las preguntas". La pandemia del coronavirus nos ha sacudido individual y colectivamente, ha pulverizado nuestras seguridades y presunciones, nos ha exiliado de nuestras zonas de comodidad, y de pronto nos sitúa perplejos, atemorizados y tiritando ante un abismo poblado de tinieblas y ruidos inquietantes.

 

En nuestro desconcierto, acertamos a anticipar, eso sí, que nada será como era antes. Que los cambios de paradigma ya esbozados o iniciados en nuestro planeta antes de esta crisis, se acelerarán vertiginosamente y, sobre todo, que se desplegarán ante nuestros asombrados ojos nuevas realidades no imaginadas ni previstas, preñadas de amenazas pero también portadoras de oportunidades.

 

UNA VISIÓN IBÉRICA DE LA UNIÓN EUROPEA

 

¿Qué podemos y debemos hacer los europeos, y en concreto portugueses y españoles, ante el devastador impacto que el meteorito de la crisis operará sobre nuestras vidas cotidianas, relaciones interpersonales, tejido productivo, sociedades e instituciones, e incluso nuestras democracias? Lo único que no podemos permitirnos es permanecer pasivos, indecisos o a la defensiva, y menos aún contentarnos con ser meros observadores marginales o actores irrelevantes en la configuración del nuevo orden mundial.

 

Hemos de posicionarnos pues claramente con nuestra voz,  autonomía, ímpetu, carácter y protagonismo en la emergente nueva normalidad. Europa y su modelo civilizatorio han de brillar con luz propia y convertirse en el mejor referente mundial de convivencia en libertad, progreso, prosperidad, solidaridad y seguridad. Es llegada la hora en que Europa tome las riendas de su destino en sus manos y se convierta en lo que su historia, cultura y espíritu reclaman, en el mejor lugar para vivir y desarrollar un proyecto vital.

 

LIDERAR UN NUEVO MULTILATERALISMO

 

Para ello Europa tendrá que posicionarse ante la realidad geopolítica determinante del siglo XXI: la rivalidad por la hegemonía mundial entre Estados Unidos y China, que probablemente se extenderá a todos los ámbitos y se enconará hasta límites insospechados y peligrosos.

 

 

 

Asimismo, los europeos estamos llamados a ofrecer una arquitectura internacional alternativa al fin del multilateralismo cooperativo, que no sea su substitución por una multipolaridad competitiva entre potencias guiadas por políticas de poder y el recurso a la fuerza. Esto es, diseñar un renovado multilateralismo normativo, operativo, eficaz y solidario, basado en la fuerza del derecho y no en el derecho de la fuerza.

UNA GLOBALIZACIÓN MÁS EQUILIBRADA

 

Europa deberá debatir a fondo y proponer un nuevo tipo de globalización regulada, que corrija los excesos y encauce la anarquía del puro juego de las fuerzas del mercado. Una globalización pues más equilibrada, equitativa y humanitaria.

 

Y antes que nada los europeos hemos de actuar de común acuerdo para salir en vanguardia de la profunda crisis derivada del coronavirus. Ello exigirá sin duda ajustarnos con inteligencia al principio de realidad, que nos recuerda que somos una unión de países soberanos y de pueblos. Y que ambos actores, Estados y ciudadanos, han de ser tenidos en cuenta a la hora de tomar decisiones.

UNA NUEVA GOBERNANZA EUROPEA

 

Desterrando de una vez por todas los falsos debates y estériles disputas entre federalistas, confederados o utilitaristas. Reconociendo que son diferentes  las capacidades objetivas y las voluntades de compromiso nacionales  con el proyecto de construcción europeo. Admitiendo con naturalidad que para avanzar con paso firme por la senda de la  integración europea hemos de reflejar esas diferencias objetivas en reformas de los procesos deliberativos y de ejecución así como en la instauración de geometrías y velocidades variables. No podemos avanzar al ritmo del menos comprometido o del más reticente con Europa.

 

REPENSAR EL PROYECTO EUROPEO

 

Estas y otras muchas reformas del proyecto europeo, imprescindibles para que Europa no pierda pie en el nuevo paradigma mundial, requerirán repensar nuestra aventura europea con realismo y ambición. Para lo que se necesitará el concurso de las mejores mentes, los juicios más preclaros, las experiencias más contrastadas y los ánimos más dispuestos de nuestra geografía ibérica. Este es el propósito del lanzamiento de este Manifiesto "Destino Europa", cuya continuidad se expresa en una plataforma digital abierta a todos los vientos, acogedora de todas las opiniones, y agradecida desde ya a todas las aportaciones A esta ilusionante empresa convocamos a aquellos que se sientan interpelados por la Historia y su conciencia.

 

A 12 de junio de 2020.

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